Juego de entornos. Las elecciones argentinas y la candidatura de Daniel Scioli

Juego de entornos. Las elecciones argentinas y la candidatura de Daniel Scioli
19 enero, 2015 Pluralismo Democrático

Juego de entornos. Las elecciones argentinas y la candidatura de Daniel Scioli

19 enero, 2015

por Patricio G. Talavera

“Estamos complicados”. Desanimado, el hombre se dejaba caer en el sillón de su despacho, en una céntrica oficina sobre la calle Suipacha, en Buenos Aires. Era la tarde del 21 de agosto de 2003, y hacía menos de 24 horas que Néstor Kirchner había desplazado violentamente a Germán Pérez, secretario de Turismo afín al entonces vicepresidente Daniel Scioli, substituyéndolo por alguien de su propio riñón, Enrique Meyer. El comentario sacó del mutis a su interlocutor. “No estamos complicados”, replicó. “Complicado estaba yo cuando buscaba mi brazo en el Paraná. Vamos a salir de ésta”, remató entonces Daniel Scioli, ahora gobernador de la provincia de Buenos Aires, recordando su traumático accidente náutico 14 años antes.

Esa es la “marca Scioli”: el ejercicio de la política como un corredor de fondo, practicante de la resistencia a fuerza de moldear su figura, más que como político, como un vecino, o un buen yerno, alguien trabajador, pacífico, que no se pelea con nadie y que siempre tiene una nota de optimismo que aportar, aún en medio de los peores contextos. Esas características le han permitido atraerse la simpatía de votantes de los más distintos y antagónicos sectores. Para ir construyendo y remodelando su imagen, Scioli hace meses que recorre el país, enhebrando una construcción territorial que busca minar a sus competidores más cercanos, y recrear en torno a sí mismo una “Liga de gobernadores” que termine por ahogar territorialmente al candidato del Frente Renovador, el intendente del costero municipio de Tigre, Sergio Massa. “La mesa naranja tiene tantas sillas como para la gente se quieran sentar” repiten incansables a los costados del gobernador bonaerense. Y esa política comienza, realizando giras en las distintas secciones de la provincia de Buenos Aires, sobre todo en la primera y en la tercera, aglutinantes del 69% del voto bonaerense, que en 2013 viraron en su apoyo hacia Massa. El despliegue de variadas y recientes agrupaciones como La Juan Domingo, Peronismo 2020 (de la ministra Cristina Alvarez Rodríguez), Peronismo sin Fronteras (del ministro Alejandro Arlía), La DOS y el Grupo Descartes son una muestra de ello. En la tercera sección específicamente, la situación parece más promisoria, con Scioli contando con la adhesión de la mayoría de los intendentes. Pero en la primera sección, sin embargo, la situación es mucho más compleja, con una clara hegemonía del FR. Es allí donde el gobernador busca incubar una paulatina política de astillamiento territorial del massismo, propiciando desembarcos de personalidades ya instaladas para dar pelea a intendentes en ejercicio. Pero la proyección no queda sólo en la Provincia de Buenos Aires. El ministro Arlía ha llevado “mesas naranjas” a Córdoba, Santa Fe, Corrientes, Misiones, Santiago del Estero, La Rioja, Catamarca y Tucumán. De esa manera, en Santa Fe logró canalizar a los partidarios del extinto Jorge Obeid, buscando alcanzar a Hermes Binner (Partido Socialista-UNEN), sobre todo en Rosario, donde según Andrés Mautone y Asociados, se encuentra con un 14% de intención de voto, más del doble de Massa y a tres puntos del líder socialista. El núcleo geográfico de apoyo al sciolismo, sin embargo, es Cuyo. Allí José Luis Gioja (San Juan), Alicia Corpacci (Catamarca) y Luis Beder Herrera (La Rioja) han estructurado la adhesión de la gran mayoría de gobernadores peronistas a la candidatura “naranja”. Scioli necesita sobre todo alcanzar mayor volumen en centros urbanos, en donde el kirchnerismo ha sido históricamente deficitario, salvo contadas excepciones. Según una encuesta de Mora y Araujo, Massa y Scioli mantienen el escenario de empate técnico, con 31% para el intendente y 30% para el gobernador.

Los cálculos subnacionales se vuelven trascendentes, bien para evitar el ballotage, o bien para planificarlo. La provincia de Buenos Aires, por sí sola, aglutina al 37% del electorado; la Capital Federal, al 10% aproximadamente; Santa Fe y Córdoba, se encuentran en los entornos del 9%; Mendoza el 4,2% y el resto del país pesa casi un 31% del padrón. El modelo argentino de ballotage o segunda vuelta, implica la victoria con un 45% o con 40% con diez puntos de ventaja sobre el segundo. Caso contrario, los dos candidatos con mayor votación pasan a un segundo turno electoral. Así el escenario, el ballotage sería poco evitable. Pero debemos recordar que el votante argentino, históricamente y salvo en 2003, “adelanta” la segunda a la primera vuelta, generando disparadas de intención de voto en los meses previos a la elección, como marcan las experiencias de 1995, 1999, 2007 y 2011. Las PASO (Primarias Abiertas Simultáneas Obligatorias, vigentes desde 2009), obrarán como ordenador del escenario electoral, y es altamente probable que potencien dicha inclinación del electorado en el tramo final de la campaña.

En este marco, con la provincia astillada electoralmente por el massismo, Scioli deberá reconstruir su posición y trabajar integralmente el territorio para mantenerlo en su redil. Por otra parte, deberá utilizar la plasticidad de su identidad política para seducir a grupos locales históricamente alejados del kirchnerismo, como el peronismo de Córdoba y Santa Fe, y los hermanos Rodríguez Saá, bien considerados en toda la región cuyana. De quien se rodee y con quien y cómo construya Scioli determinará si finalmente podrá romper la maldición de los gobernadores bonaerenses , y alcanzar la Casa Rosada en el 2015.

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