Ni tanto, ni tan poco. Las elecciones andaluzas y el bipartidismo español.

Ni tanto, ni tan poco. Las elecciones andaluzas y el bipartidismo español.
25 marzo, 2015 Pluralismo Democrático

Ni tanto, ni tan poco. Las elecciones andaluzas y el bipartidismo español.

25 marzo, 2015

Por Patricio G. Talavera

“El PSOE ha vuelto a ganar en Andalucía”. Serena y alegre, Susana Díaz, presidenta desde septiembre de 2013 de la Junta de Andalucía, comparecía ante la prensa. Finalizado el conteo de votos (ejemplarmente rápido), el PSOE obtuve 47 escaños en la cámara autonómica andaluza, el Partido Popular sufrió un severo revés cayendo a 33 bancas, y entretanto dos fuerzas con menos de un año de vida emergen con fuerza: Podemos logró 15 curules en su primera cita electoral de importancia luego de las europeas, mientras que Ciudadanos queda con notables 9 representantes. Izquierda Unida, contra todo pronóstico, sostiene su muy mermada representación, obteniendo 5 bancas.

Pero, ¿Qué significado político tiene este resultado?

UPyD y Ciudadanos: Idus de Marzo. De esto puede tomar nota Rosa Diéz, quien por segunda vez ve a su formación quedarse sin representación. Acusaciones de autoritarismo en manejos internos afectaron el nombre de Rosa Diez. Negando la curva ascendente de Ciudadanos, la formación de Albert Rivera, Diez optó por no coaligarse con aquél, como le pedían muchos dirigentes. El resultado fue claro: la errática campaña de su candidato, Miguel De la Herrán, lo dejó, con 50 mil votos menos que las elecciones de 2012, y 114 mil menos que en las europeas, nuevamente afuera del Hospital de las Cinco Llagas, sede del Parlamento Andaluz. Ciudadanos, en cambio, vive con intensidad su estrellato. Absorbe votos directos de UPyD, del PP y hasta del PSOE, proponiendo “el cambio sensato”, una bien armada indirecta contra la alternativa “podemita”. Con los números de la noche electoral andaluza, Rivera parece estar autorizado a soñar con ser el “partido-llave” de la gobernabilidad, en Andalucía, y en España, aún no llegando al 10%. La fragmentación, en última instancia, lo beneficia.

PP y PSOE: Entre lágrimas y euforia. Lo primero que se debe alertar al analizar el proceso, es la inquebrantable fidelidad andaluza al socialismo, gobernante con exclusividad por el PSOE desde la transición democrática. Aquí el bipartidismo no muere, sino que prolonga su agonía: la suma PP-PSOE alcanzó en 2008 (mayoría absoluta del PSOE) 103 sobre 109 escaños; en 2012, en plena crisis y con un triunfo histórico del PP (insuficente para gobernar) acumuló 97 curules. Este año, la sumatoria de ambos se ha limitado a 80 bancas. Pero no ha sido el PSOE quien ha pagado la cuenta de tal desgaste. El escenario actual, debe tanto a la astucia de Diaz de convocar a anticipadas ahora y no cumplir la legislatura (que se agotaba en abril de 2016) como a la visión de su antecesor, José Antonio Griñán. Hombre de Felipe González, Griñán evitó el naufragio socialista cuando se negó a unificar las elecciones de 2012 con las generales de 2011. El hundimiento de Rubalcaba no lo afectó, y cuando llegaron las elecciones el PP estaba ya en el poder y con cuatro meses de recortes. Así, Griñan conquistó ese año 47 bancas, una pérdida muy menor a la prevista, las mismas que ha ratificado ahora Díaz, su mano derecha. Pactante en la necesidad de ser gobierno con Izquierda Unida, Griñán nunca confió en esa alianza, y nunca dejó de contemplar el adelantamiento electoral. El escándalo de los ERE (corrupción con subsidios para desempleados) manchó y debilitó el prestigio del PSOE en Andalucía, y Griñán optó por una salida que garantizara la continuidad: designó a Díaz como nueva lideresa, en internas poco abiertas, y le legó en septiembre de 2013 el inquilinato del Palacio de San Telmo. Heredera política, heredó también sus suspicacias: decidió romper a finales de 2014 el pacto con IU, y lanzarse al vacío, a todo o nada. Muchos vieron esto una precampaña nacional: hoy Andalucía, y mañana, la carrera a Moncloa, descabalgando a Pedro Sánchez. La apuesta le ha salido bien: no ha perdido bancas, y ahora podrá gobernar en solitario con pactos puntuales, con el PP, Ciudadanos, o quién sabe, hasta con Podemos. Su sueño monclovita está en stand by, pero Diaz se ha ganado a pulso sus galones, ya no heredados, aquellos que le permiten relucir como la dama de rojo en la España de azul.

En Génova 13, por contraste, el desastre es indisimulable. El Partido Popular se ha dejado por el camino 17 escaños y medio millón de votos, con el peor guarismo en 25 años. Pero quizás el máximo responsable no sea el candidato, el joven Juan Manuel Moreno Bonilla. Su candidatura nace del repentismo de la dirección del PP, pero sobre todo, de la vicepresidenta de Rajoy, Soraya Sáenz de Santamaría. Su designación, hace un año, fue fruto de un dilatado y tortuoso proceso interno. Tras perder las elecciones de 2012, el Frank Underwood del PP andaluz, Javier Arenas (cuatro veces candidato a la Junta), fue depuesto incruentamente por la dirección nacional. El interinato frágil del alcalde de Sevilla, Juan Zoido, paralizó la posibilidad de plantar alternativas al pacto PSOE-IU, y abrió el campo a la confrontación fundamental del PP nacional: aquella que dirimen la secretaria general María Dolores de Cospedal y la Vicepresidenta Santamaría. Santamaría ganó, e impuso a Moreno. Desconocido para el gran público y con un PP desgastado por la gestión nacional, realizó una campaña respetable pero insuficiente para evitar el marasmo. Gobernante en todas las capitales de provincia de la Comunidad, el PP ha perdido en todas ellas, salvo en Almería, casualmente, la jurisdicción de Arenas. La derrota impacta en Rajoy: ha viajado 8 veces a hacer campaña por Moreno, lo que es mucho si se compara con los seis viajes institucionales a la zona en tres años, o las cuatro veces que viajó en 2012 para hacer campaña en Galicia, su tierra natal. En su advertencia mitinera a Díaz, quizás Rajoy sí tenía razón: esta campaña podía transformarse en “una desagradable sorpresa”. Ambos, Díaz y Moreno, por otra parte, demuestran lo profundamente clánica que sigue siendo la política española: Díaz es alumna dilecta del “Clan de la Tortilla”, aquel grupo de políticos andaluces de la transición como Alfonso Guerra, Isabel Pozuelo o el histórico Manuel Chaves, 19 años presidente de la Junta. Moreno adscribe al “Clan del Becerril”: aquel grupo de retoños dirigentes que se nuclearon en torno al yerno de Aznar, Alejandro Agag, conformando la infantería del ex presidente.

Podemos e IU: Techos y Pisos. Podemos, en líneas generales, se encuentra en un momento de confusión. Lo que parecía un avión supersónico destinado a romper la barrera del bipartidismo, ahora se devela como un inestable planeador que pierde altitud. Traccionando ex votos de IU (en Marinaleda, centro del comunismo español, IU perdió 25 puntos), alcanzó 15 bancas, record histórico para una fuerza que se presenta por primera vez. Pero el resultado está debajo de las expectativas de 20 escaños que auguraban las encuestas, y se encuentra 5 escaños y 100 mil votos abajo del mejor registro de la IU de Julio Anguita, en 1994. Su poca implantación territorial lo condena a ser una fuerza secundaria en la Andalucía rural, pese a su alianza con sindicatos jornaleros de base. Su discurso peyorativo con el PER (subsidio agrícola andaluz, que ya ha dejado de ser cuestionado hasta por el PP); su poca predisposición a insertarse en municipios de menos de 50 mil habitantes (747 sobre los 776 de Andalucía); despreciar los debates (como el PP en 2012) y subestimar el poder electoral del PSOE perjudicó a la formación. Podemos desarrolló una campaña improvisada con iniciativas exóticas, como la de derogar los actos de Semana Santa, una institución cultural incuestionable para la cultura andaluza. Ya lo advirtió Antonio Machado: “¡Cantar del pueblo andaluz, que todas las primaveras anda pidiendo escaleras para subir a la cruz!”. En su acto de cierre en Tres Hermanas, Teresa Rodríguez convocó a 12 mil personas, contra 25 mil del PP y el PSOE. Con 15 escaños, el cielo no se toma por asalto, y probablemente tampoco La Moncloa. A 60 días de las municipales y autonómicas en el resto de España, Andalucía quizás sirva de advertencia.

El bipartidismo, lejos de morir, prolonga su agonía. Y quien dice, hasta se reconstituya, en su formato bipolar, pero cuatripartito, en un reparto que incorpore a Podemos y a Ciudadanos, cada cual en su banda ideológica.

 

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