Elecciones sin ciudadanos

Elecciones sin ciudadanos
7 junio, 2015 Ajedrez Electoral

por Arturo Espinosa Silis

Nos hemos convertido en ciudadanos grises, carecemos de compromiso, de conciencia cívica y tenemos poco interés en la comunidad, estamos más preocupados y ocupados en temas que son totalmente ajenos a nuestra realidad, que en enfrentar los propios. Irónicamente hemos caído en los mismos vicios que tanto nos molestan en nuestros políticos, la indiferencia frente a los problemas del país.

El sistema electoral mexicano se ha construido y opera sobre una base ciudadana. El Instituto Nacional Electoral (INE) se integra por ciudadanos, en el Consejo General son ciudadanos sin militancia quienes tienen voto, durante los procesos electorales se instalan 32 consejos locales y 300 consejos distritales (un total de 1,992 ciudadanos los integran, más los representantes de los diez partidos políticos), ellos son quienes encabezan la organización del proceso electoral. El día de la elección las mesas de casilla se integran por ciudadanos, seguramente algún familiar, amigo o vecino ha sido funcionario de casilla; 1, 209 632 personas que se convierten en la máxima autoridad electoral el día de la jornada electoral y son quienes cuentan los votos.

El INE cuenta con un ejército de mujeres y hombres que todos los días trabajan por el país (1,660 vocales y 38, 783 capacitadores, asistentes y supervisores electorales), muchas veces realizan acciones titánicas a fin de poder garantizar que en todos los rincones del país se instalen casillas para que los más de 83 millones de ciudadanos que se encuentran en la lista nominal de electores puedan sufragar, y a pesar de que en estos días han sido atacados constante y agresivamente, siguen haciendo lo que les corresponde para que el próximo domingo podamos ir a votar y elegir a nuestros gobernantes y representantes.

Después de las elecciones de 1988 y a partir de las reformas de 1991, 1994 y 1996, el objetivo fue ciudadanizar a la autoridad encargada de la organización de las elecciones, inclusive desde la Constitución se le dotó de autonomía. Los resultados han sido positivos, desde entonces el Instituto Federal Electoral, ahora INE, ha organizado con mucho éxito siete elecciones federales, y colaborado en decenas de elecciones locales. México es reconocido a nivel internacional por la enorme capacidad y el gran profesionalismo de sus autoridades electorales para llevar a cabo elecciones. La clave ha sido la participación de los ciudadanos en todos los niveles.

Como dice José Woldenberg “las elecciones son el medio más civilizado que tenemos para elegir a nuestros gobernantes, hasta ahora, en el mundo, no se ha inventado una fórmula que resulte más efectiva para hacerlo”.

No olvidemos que hasta antes de 1988 en México no había competencia electoral, las opciones en las urnas eran más que limitadas, no existía alternancia. Hoy tenemos diez partidos políticos, diez opciones distintas y en algunos casos candidatos independientes, es cierto que las diferencias entre ellas no parecen ser significantes, pero tampoco podemos decir que todos son iguales. Los ciudadanos tenemos el poder de cambiar a nuestros gobernantes, de elegir la alternancia, que es la mejor forma de demostrar el descontento con nuestro gobierno, cambiarlo y/o de votar diferenciado para generar contrapesos.

Existe un desánimo generalizado entre la ciudadanía por las elecciones, no es desconocido que los mexicanos estamos descontentos con la democracia, tenemos la percepción que es una farsa, que lo único que hace es repartir el poder entre los mismos, generando un status quo en la clase política. La situación del país no genera entusiasmo, crisis social, política y económica, todo rodeado con escándalos de corrupción y una enorme impunidad, son el pan de cada día.

Las campañas han sido pobres en ideas, carentes de contenido y propuestas que atraigan a la ciudadanía. La legislación electoral tampoco ayuda a generar un debate intenso y fluido. Además, la inseguridad y los grupos que bajo cualquier pretexto amenazan la estabilidad del país han hecho su parte para ensombreser el ambiente y seguir alimentando el abstencionismo. En suma, el escenario no es adelantador, y desde luego que no contribuye a que los ciudadanos queramos participar. Los políticos no se acercan a los ciudadanos, pero nosotros tampoco buscamos involucrarnos con la política, parece que estamos cómodos en nuestra pasividad y no vemos en las elecciones una respuesta o alternativa a nuestros problemas, el desánimo es generalizado.

Estas elecciones en particular, el INE ha tenido muchos problemas por reunir al número suficiente de ciudadanos para poder integrar las mesas directivas de casilla. En el DF, colonias como Condesa, Coyoacan, Guerrero, Buenos Aires, Lomas de Chapultepec, Polanco y Tepito, así como en las ciudades de Hermosillo y Monterrey la ciudadanía ha sido renuentes a participar, rechazan la invitación del INE para integrar las mesas de casilla, no es exclusivo de una clase social o de un sector de la sociedad, la apatía es generalizada.

Las elecciones no se pueden lograr sin la ciudadanía, de nada serviría todo el trabajo y esfuerzo, el enorme costo humano y económico que implica organizar una elección para más de ochenta millones de ciudadanos, en la que se elegirán 2,179 gobernantes, si no estamos dispuestos a participar, a hacer lo que nos corresponde como integrantes de una sociedad.

Probablemente sentimos que nuestra participación en nada cambia la situación del país, que los candidatos una vez que lleguen a sus cargos se olvidarán de los ciudadanos y las promesas, pero eso dependerá de nosotros, ello pudiera ser cierto si vemos nuestro actuar, como funcionario de casilla o al momento de votar, como un acto individual y aislado de cada ciudadano, sin embargo, es la suma de voluntades ciudadanas la que hace que las elecciones sean confiables, que legitima los resultados.

La mejor respuesta a los abusos de los partidos políticos, de los gobernantes y las amenazas de los grupos desestabilizadores es la participación ciudadana. Las elecciones son un ejercicio cívico, a través del cual demostramos que el país nos interesa, que queremos mejores gobiernos y gobernantes, que los corruptos e ineficientes no tienen lugar. La apatía de los ciudadanos alimenta los males de la clase política, muestra que sus acciones nos son indeferentes.

No participar en las elecciones es ser indiferentes ante la gravedad de la situación que vive México, lo cual no contribuye a generar mejores condiciones para el país. Un giro de trescientos sesenta grados requiere que los ciudadanos actuemos, que dejemos la apatía y la indiferencia y tomemos cartas en el asunto, nos organicemos y exijamos una verdadera transformación del régimen político, y del país.

La idea de que la ciudadanía puede incidir en nuestro país no sólo es romántica, es real. Hace semanas España nos demostró que los ciudadanos podemos cambiar el camino que debe seguir el país, que es posible terminar con la indiferencia de la clase política y gobernante, lo digo con toda intención, ya que fueron los nuevos partidos españoles: Ciudadanos y Podemos, quienes surgieron como alternativa real a los tradicionales partidos políticos, y hoy son un factor real de negocación y decisión para la conformación de los gobiernos locales, y ello se logró gracias a la participación y el interés de los ciudadanos españoles en la vida política de su país.

Desde luego que el camino no es sencillo, sin embargo, el primer paso es dejar la indiferencia ciudadana, la apatía; y participar en lo que nos corresponde, ayudar a que la elección se lleve a cabo de manera pacífica, salir como funcionario de casilla o como votante y generar las condiciones para que podamos decidir qué queremos para nuestro municipio, delegación, estado y desde luego para el país, de eso se trata el domingo, dejar de ser ciudadanos de nombre y empezar a construir una ciudadanía que sea un factor real de poder.

Arturo Espinosa Silis, Licenciado y Maestro en Derecho, especialista en temas electorales (@aesupd).

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