Ciudadanía a la mexicana

Ciudadanía a la mexicana
27 agosto, 2015 Caja de Pandora

Ciudadanía a la mexicana

27 agosto, 2015

por Patricia Espinosa Torres

Siendo ciudadano de un Estado libre y miembro del poder soberano, por débil que sea la influencia que mi voz ejerza en los negocios públicos, el derecho que tengo de emitir mi voto impóneme el deber de ilustrarme acerca de ellos.
El Contrato Social, Rousseau

El 2015 estuvo marcado por la elección intermedia más competitiva de las últimas décadas. Los mexicanos vivimos expuestos a campañas electorales, ponderamos las propuestas de los candidatos y elegimos a quienes conformarán el Congreso federal; en lo local, nueve gobernadores, y un sin fin de presidentes municipales y congresos locales. Esta decisión, que no es trivial, me lleva a la reflexión y al análisis sobre los rasgos de la cultura cívica que priva en el país en esta coyuntura.

En México, de acuerdo a datos de la Encuesta Nacional de Cultura Política y Prácticas Ciudadanas (Segob, 2012): 5 de cada 10 encuestados asocian el término ciudadanía con “tener derechos y obligaciones”; aproximadamente, 1 de cada 8 entrevistados, liga el concepto ciudadano con “tener responsabilidades”; 8 de cada 10, están de acuerdo en que el “ejercicio del voto es el único mecanismo con el que cuentan para decir si el gobierno hace bien o mal las cosas”.

Llama la atención la percepción que tiene el mexicano en relación al concepto y al ejercicio de ciudadanía. Contrario a la apreciación recogida en la Encuesta, la ciudadanía es un status que si bien otorga derechos, como lo expresan los entrevistados, también se construye en el ejercicio y cumplimiento cabal de responsabilidades. Este ejercicio no se agota en el derecho al sufragio, sino que significa también, cumplir con las leyes, participar activamente en los asuntos públicos, comprometerse con una causa y actuar en consecuencia. Es decir, vigilar a sus gobernantes o representantes y demandarles cumplimiento cabal de sus responsabilidades.

¿Cuántos mexicanos conocen a sus legisladores? ¿Cuántos conocen las tareas y funciones que deben cumplir su gobernador o su presidente municipal? ¿Cuántos les han exigido rendición de cuentas sobre su trabajo legislativo o ejecutivo? ¿Cuántos brindan parte de su tiempo y recursos a una situación que involucre a su comunidad?

La apatía cívica parece ser otro rasgo que caracteriza, hoy, a la sociedad mexicana. Podría decirse que estamos frente a una “ciudadanía selectiva”, que reconoce sus derechos y olvida sus deberes. Almacena los aspectos que le parecen convenientes y deshecha aquéllos que le exigen tiempo y compromiso. Así, el imaginario colectivo ha construido una “ciudadanía a la mexicana” bajo la cual es válido criticar sin estar debidamente informado; es correcto descalificar sin conocimiento cabal de la acción pública; es legítimo quejarse sin actuar, sin proponer, sin participar, sin politizarse.

En suma, es una ciudadanía que evade su corresponsabilidad social frente a la construcción de una democracia más sólida y al fortalecimiento de las instituciones que la conforman. La base de toda colectividad social es la participación del ciudadano activo, y es esta participación la que genera la identidad nacional.

Pareciera que el mexicano carece de horizontes comunes, de metas y valores y, con ello, se quebrantan los principios éticos que sustentan la colectividad: tolerancia, igualdad y diálogo. La dicotomía entre lo público y lo privado debe generar un vínculo entre el Estado y la sociedad, que le dé al ciudadano sentido de pertenencia a la comunidad.

No debe olvidarse que el escrutinio ciudadano es necesario para la calidad de las democracias. Si bien es cierto que la clase política es la responsable en la conducción del país, también es cierto que no basta con tener un buen gobierno para realizar la transformación de una Nación.

En México, necesitamos una ciudadanía participativa, más activa e informada que demande rendición de cuentas, que monitoree a funcionarios públicos y a legisladores, que denuncie el abuso de autoridad y la corrupción, y exija el fin de la impunidad. Con ello, estaremos construyendo democracia, herramienta indispensable para la gobernabilidad.

El ejercicio ciudadano debe tener como armas el diálogo, el debate y la exigencia para no tolerar más “casas blanca o en Malinalco o en Ixtapan de la Sal”, obtenidas en un claro conflicto de intereses por tratarse de servidores públicos como el Presidente Peña Nieto o el Secretario de Hacienda Luis Videgaray; ni aceptar la burda exoneración de la Secretaría de la Función Pública, encabezada por Virgilio Andrade, “servidor” del Presidente quien, como única sanción pública, fue pedir una disculpa. Por ello, se requiere de un órgano autónomo que evalúe y, en su caso, sancione el actuar público de los servidores públicos, a fin de evitar la simulación al momento de aplicar la Ley. Desafortunadamente, la Secretaría de la Función Pública está muy lejos de cumplir con esa responsabilidad.

Mientras en otras naciones, situaciones similares han provocado fuertes manifestaciones ciudadanas exigiendo la renuncia de los servidores públicos involucrados en la corrupción; en México, el enojo y el reclamo se han expresado solamente, a través de miles de memes y hashtags en las redes sociales, a fuertes críticas de algunos articulistas (el llamado círculo rojo) y a declaraciones mediáticas de los líderes de los partidos de oposición.

Eso sí, la ciudadanía a la mexicana indignada, no tomó plazas ni avenidas, se limitó a conversaciones de café.

Ejercer una ciudadanía responsable requiere tiempo. ¡México la necesita ya!

Patricia Espinosa Torres (@pespinosat) es Chair GSW México (Cumbre Mundial de Mujeres); Ex Subceretaria de Inclusión Laboral, STPS 2006-2012; Consejera Nacional del PAN, y Miembro del Consejo Directivo de AMEDIRH (Asociación Mexicana de Dirección de Recursos Humanos).

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