Elecciones en Argentina: De números y legitimidad

Elecciones en Argentina: De números y legitimidad
23 octubre, 2015 Pluralismo Democrático

Elecciones en Argentina: De números y legitimidad

23 octubre, 2015

por Juan Pablo Ruiz NicoliniWatch movie online The Transporter Refueled (2015)

El próximo domingo 25 de octubre se celebran las elecciones generales de Argentina. Este es el segundo turno de votación para elecciones nacionales: en el mes de agosto se celebraron las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (P.A.S.O.) en las cuales la ciudadanía eligió los candidatos para las generales, y se contempla la posibilidad de un balotaje en el mes de noviembre – si es que ninguno de los candidatos a Presidente logra obtener (a) el 45% de los votos o (b) el 40% y diez puntos de diferencia con quien lo secunde.

“La Borra” (que no es de café)– un proyecto colectivo elaborado por un grupo de politólogos y desarrolladores argentinos- nos permite hacer una evaluación general de los distintos sondeos de opinión sobre las preferencias ciudadanas de cara a las elecciones. Uno de sus creadores, Andy Tow, sostuvo recientemente que la proyección de estos números “dice” que el candidato del frente oficialista, Daniel Osvaldo Scioli (DOS), lograría la victoria en primera vuelta al cumplir la condición (b), antes citada.

No obstante, llama la atención lo ajustado de los números y el relativo “congelamiento” entre los comicios de agosto y lo que se pronostica para el próximo domingo. Esta situación de incertidumbre, como bien explica Facundo Cruz en BastiónDigital, no constituye la norma en las elecciones de la región de la última década.

El autor anota todos los comicios presidenciales regionales entre los años 2002 y 2015 y encuentra que solamente 4 de 29 resultados se ubican en una “zona de riesgo”: presidentes electos por menos del 40% y debajo del 10% de diferencia con su competidor inmediato. Si no se cumple el pronostico de Tow, la elección de DOS debería ubicarse en el primer cuadrante. Y de ahí al balotaje.

Pero, ¿cuál es el riesgo alternativo? Es probable, por lo dicho anteriormente, que la elección se resuelva este domingo. Que DOS cumpla los dos requisitos de la condición (b) y sea electo presidente. Pero, es probable también que lo haga por un margen relativamente estrecho.

La experiencia de las elecciones federales de 2006 en México puede resultar útil para ilustrar, aunque sea parcialmente, este contexto. Como parte del análisis de lo que llama “elecciones críticas”, Soledad Loaeza argumenta que la estrategia política de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) significó un desafío al sistema político:

“la estrategia de protesta post electoral que puso en pie en el verano del 2006, levantaron un temible desafío al IFE, al Tribunal Judicial Federal Electoral, TJFE, y en general a los partidos políticos. Así ocurrió porque repetidamente la estrategia de López Obrador consistía en sustraer la relación política del ámbito institucional, en particular el conflicto, para representarlo en la plaza pública, sobre todo en los medios, en lugar de auspiciar la estructuración de esas relaciones conforme a las reglas establecidas”.

De manera análoga, dadas lo las ajustadas previsiones de una posible victoria en la primera ronda electoral, parte de la oposición presenta escenarios de fraude y denuncias que atacan la legitimidad del sistema y del proceso electoral.

Una parte sustantiva del período de campaña posterior a las P.A.S.O. del mes de agosto se concentró en el desenlace del proceso electoral de la Provincia de Tucumán el cual tuvo lugar una semana después. Funcionó como disparador para que algunos sectores opositores levantaran las banderas de fraude y sostuvieran que ello se constituía en una muestra de lo que pasaría en las elecciones generales de octubre.

Tucumán, ¿y luego?

En resumidas cuentas puede decirse que las elecciones locales de Tucumán fueron desprolijas; hubo muchos inconvenientes y se cometieron varios delitos electorales. A partir de este contexto el challenger provincial (José Cano), acompañado por el nacional (Mauricio Macri), a pocas horas de cerrados los comicios, comenzaron a denunciar fraude en las elecciones. Algunos días después, casi todos los candidatos presidenciales por la oposición acompañaron en la Ciudad de Buenos Aires a Cano, apoyando su reclamo y pidiendo por un cambio de reglas para las elecciones de octubre. Algo de todo ello lo narré en una columna que titule Reforma electoral: ¿cómo, cuando y para qué?

No importaba para esas denuncias lo que dijera la autoridad judicial competente; tampoco se hacían mucho eco de la opinión de expertos de las ONGs. La diferencia de votos que obtuvo Juan Manzur (candidato oficialista de Tucumán) sobre Cano en el escrutinio provisorio (una especie de conteo rápido) fue relativamente similar a la del definitivo (el legal, que determina el resultado final y lleva a la proclamación de los candidatos). Pero la denuncia de fraude ya estaba hecha. Como AMLO en 2006, siguiendo la crónica de Loaeza, la puesta en escena funciona como estrategia política.

De cara al domingo

Esta semana, ya en el tramo final de la campaña, Elisa Carrió (quien compitió en las P.A.S.O por el frente Cambiemos y que apoya a Macri para la Presidencia) sostuvo que existe una estrategia de fraude por parte del oficialismo. Según el diario La Nación “denunció que en las elecciones habrá maniobras para que Scioli gane en primera vuelta” (…)”Como estamos muy sobre el límite, va a haber fraude en uno o dos puntos”.

Nicolás Solari, analista de Poliarquía -una de las consultoras de opinión pública más reconocidas de Argentina-, arroja algunos números para dimensionar estos porcentajes. Es difícil hacer fraude:

Sobre este asunto también se despachó Alejandro Tullio, titular de Dirección Nacional Electoral – oficina dependiente del Poder Ejecutivo que organiza los comicios- desde el año 2001. Según consigna el diario La Gaceta de Tucumán, Tullio `”aseguró que está garantizada la transparencia de los comicios presidenciales, porque se tomaron medidas que `mejoran la capacidad de control de los partidos´, y remarcó no va a permitir que `se cometa una injusticia como la que se cometió con los tucumanos´. Reprochó que muchos de los que levantaron la voz por los delitos electorales denunciados durante el proceso electoral en Tucumán `se dieron cuenta que hicieron el ridículo´”.

A su vez, hizo referencia a una cantidad de medidas adoptadas para los próximos comicios, luego de que la Cámara Nacional Electoral – autoridad del Poder Judicial de la Nación encargada de dar garantías y juzgar el proceso- hiciera una serie de recomendaciones:

“la Justicia modificó el formato de los telegramas para que haya menos problemas en la transcripción de los resultados de las mesas; cambiamos la ruta del Correo; la publicación on line de los telegramas va a estar unas horas después de procesada la información de la votación; los partidos van a poder hacer un seguimiento casi exhaustivo de todo el itinerario del voto. Quienes nos dedicamos a esto tenemos remedio para casi todo lo que pueda ocurrir”.

Sobre la posibilidad de fraude en los próximos comicios sostuvo que “para garantizar la transparencia con muchas menos medidas también alcanza. Pero acá hay que recrear un vínculo de confianza que legitime las elecciones. La confianza es un concepto subjetivo, no objetivo, entonces yo puedo hablar de seguridad, y la seguridad sobra. Para estas elecciones no quedó ninguna medida por tomar”.

La reciente noticia de que los responsables del frente opositor (Cambiemos) no cumplieron con los pazos para distribuir sus boletas en el distrito más importante del país acumula elementos que juegan en contra de esta necesidad de legitimidad.

¿Y el periodismo?

Tengo la sensación que no se informa bien; y que ello juega en contra de la confianza sobre el sistema electoral. Recuerdo al menos tres ejemplos en los que, siendo contemplativos, podemos sostener que lo que se escribió fue incorrecto.

1) Ernesto Tenembaum, en su columna del diario Cronista sobre las elecciones en Tucumán, sostiene como una de “las novedades” de los comicios de agosto la aparición de la palabra “fraude”. Vale recordar que a esa altura del año ya había transcurrido más de la mitad del largo calendario electoral 2015 en el que casi todas las provincias eligieron o eligen sus autoridades locales además de las nacionales.

Es difícil creer que a un periodista especializado en política como Tenembaum se le escape que lo mismo había sucedido en la provincia de Santa Fe (en la que el oficialismo socialista logró retener por escaso margen la gobernación frente al candidato apoyado por Mauricio Macri) y en la provincia de Salta (en el que el oficialismo alineado con DOS retuvo la gobernación frente a los candidatos apoyados por la alianza opositora).

2) En segundo lugar, me interesa destacar el caso de La Gaceta (Tucumán). Luego de las elecciones locales, el medio gráfico más importante de la provincia sostuvo como noticia destacada durante todo un día, a pesar de que se les advirtiera del error, que la Cámara Nacional Electoral apoyaba modificar el sistema de votación de cara a las elecciones de octubre.

3) Por último, una columna de Carlos Pagni – uno de los periodistas políticos más influyentes del país- titulada “El voto en blanco puede ser el gran elector“. Publicada un par de semanas antes de la elección, el periodista propone allí una particular interpretación de las normativas y decisiones judiciales en material electoral. Según esta los “votos en blanco” deberían computarse para determinar la base para el porcentaje de votos que obtiene cada candidato. Pero, como bien señaló el politólogo Luis Schiumerini, el Código Nacional Electoral es claro sobre el asunto: su artículo Nº149 se refiere a “votos afirmativos válidamente emitidos” (excluye votos “nulos”); y los votos “afirmativos” (por una fuerza política determinada) excluye los “blancos” (ausencia de una opción).

Si la base es más grande (se cuentan los “blancos”) cumplir el requisito de un mínimo del 40% de los votos se torna más difícil. A esta altura la estrategia de judicialización – explícita en la nota de Pagni- ya no tiene sentido; pero sirve como muestra de las ideas que circulan.

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Como sostuve en una nota en la segunda edición de Democracia &Elecciones “muchos pasos se fueron dando para ordenar la competencia política en Argentina. (…) Sin embargo, la misma naturaleza compleja del federalismo electoral argentino hace necesario que se avance en otros aspectos no alcanzados aún por las reformas normativas”.

Son muchas las reformas (políticas e institucionales) necesarias en Argentina. Soy de los que creen que la defensa de la legitimidad del proceso electoral de Tucumán, por ejemplo, no debería esconder la necesidad de reformas con el objetivo de ordenar (y legitimar) el sistema político provincial. Y ello puede multiplicarse tantas veces como unidades subnacionales tiene el país; y otros tantos ajustes pueden impulsarse para el sistema nacional. En buena medida esto mismo argumenta Martín Astarita en la revista El Estadista por estos días.

Pero también creo que hay mucha irresponsabilidad. Como AMLO en las elecciones mexicanas de 2006, la oposición (en Tucumán y a nivel nacional) decidió llevar la disputa política de una manera espectacular a través de la opinión pública y de los medios. Como señaló Tullio, el problema central es acá la legitimidad del sistema, la cual se alimenta por la confianza. Buena parte de la prensa política no ayuda a nutrir esa legitimidad tampoco.

Esperemos que, a diferencia de lo declarado por Carrió en estos días, todos los actores políticos participen dentro del marco de reglas estipuladas para la competencia y colaboren, de ese modo, a sostener un sistema que, aunque perfectible, viene mejorando sustantivamente.

JUAN PABLO RUIZ NICOLIIN (@tuqmano): es polítologo www.tuqmano.com

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