Elecciones en Estados Unidos Parte I: La importancia de conocer al enemigo.

Elecciones en Estados Unidos Parte I: La importancia de conocer al enemigo.
9 mayo, 2016 Pluralismo Democrático

Por Leticia Real

@LettyRe

Hace siglos, el general chino Sun Tzu escribió un tratado sobre las relaciones de poder que ha inspirado a incontables líderes y cuyas enseñanzas siguen siendo tan vigentes como en ese entonces, simplemente porque son esenciales para entender el poder, la política y las relaciones internacionales. Quizá una de las lecciones más importantes que Tzu plasma en El arte de la guerra, es que la sabiduría necesaria para sobrevivir se basa en el conocimiento de uno mismo, pero que si uno pretende obtener victorias y evitar ataques debe, antes que cualquier otra cosa, conocer primero a su enemigo.

“Si conoces a los demás y te conoces a ti mismo, ni en cien batallas correrás peligro; si no conoces a los demás, pero te conoces a ti mismo, perderás una batalla y ganarás otra; si no conoces a los demás ni te conoces a ti mismo, correrás peligro en cada batalla”[i]

Hace casi cuatro años comencé a investigar sobre la democracia y el sistema electoral de Estados Unidos, ya que como internacionalista me interesó estudiarlo porque Estados Unidos es la relación más importante que tiene México. Nuestra economía, nuestra política y gran parte de nuestra sociedad dependen de ella; de la misma manera que para Estados Unidos, México es la segunda relación comercial más relevante, solamente detrás de Canadá.

Ambos países comparten intereses y objetivos comunes que resultan determinantes en la conformación de las agendas políticas de cada uno. Los temas de común acuerdo son interminables e impactan tanto en sus sociedades como en sus economías: migración, seguridad, democracia, derechos humanos, energía, comercio, comunicaciones y un amplio etcétera.

Sin embargo, a pesar de que en México conocemos a fondo los temas que nos afectan directamente, es relativamente escasa la atención que se pone al estudio de los asuntos internos que determinan la política exterior de nuestro vecino del norte. La importancia de hacerlo radica en que, para la determinación de la política exterior mexicana y la defensa de nuestros intereses nacionales, es fundamental conocer los procesos económicos y sociales de Estados Unidos. En su política interna se reflejan tanto los intereses como las necesidades que determinan también su política exterior, misma que inevitablemente afecta y modifica nuestra propia política en ambos niveles. Conocerlos es una herramienta de negociación e influencia.

Hoy la relación entre ambas naciones parece errática, tensa y fría. En temas de política exterior, Estados Unidos está inmerso en el combate contra el terrorismo, los conflictos en Medio Oriente, la competencia política con Rusia por el liderazgo en aquella región y la competencia económica con China. México y América Latina ocupan planos secundarios.

Por su parte, México está enfrentando una grave crisis de legitimidad. Los múltiples y sistemáticos casos de torturas y violaciones a los derechos humanos, el agonizante estado de derecho, la corrupción, la inseguridad y el abuso de poder por parte de las autoridades han socavado, nacional e internacionalmente, la imagen de nuestro país.

Nuestra estrategia de política exterior parece confusa. Los temas que son prioritarios en nuestra agenda nacional, en Estados Unidos han sido cada vez más relegados sin que México encuentre −o quiera encontrar− la forma de impulsarlos. Es sintomático que hasta hace apenas unos días, el Senado de Estados Unidos ratificara a Roberta Jacobson como Embajadora de Estados Unidos en México, tras prácticamente ocho meses de que el ex embajador Anthony Wayne dejara nuestro país en julio de 2015. De la misma manera, en México pasaron seis meses para que se nombrara en septiembre de 2015 a Miguel Basáñez Ebergenyi como Embajador de México en Estados Unidos, después de que Eduardo Medina Mora dejara dicho encargo en marzo de 2015. Todo para que Basáñez fuera sustituido por el nuevo Embajador Carlos Manuel Sada Solana a tan solo siete meses desde que el primero tomó posesión del cargo. El motivo del cambio es una reacción política de México ante el proceso electoral de Estados Unidos y las declaraciones en contra de los mexicanos que ha dado el precandidato presidencial más polémico de los últimos tiempos: Donald Trump.

Desde hace más de seis meses que los medios de comunicación mexicanos han dedicado una cobertura casi inédita al proceso electoral estadounidense, mismo que (al menos hasta hace un año) la mayoría percibía como un asunto meramente interno de otra nación. En esta ocasión, la carrera a la presidencia estadounidense ha sido seguida no sólo por académicos y especialistas, sino también por un amplio espectro de la población mexicana que ahora reconoce la relevancia de este proceso para nuestro país.

El 08 de noviembre de 2016 Estados Unidos elegirá a su nueva o nuevo presidente. Las nominaciones presidenciales por parte de los dos partidos que dominan el sistema político han atraído la atención y cierta alarma en el mundo entero. En el Partido Demócrata, el partido de Barack Obama, la nominación está bastante clara: seguramente, Hillary Clinton será la candidata presidencial. Ella pertenece a la élite política tradicional y se prevé que su gestión dé continuidad y afiance las políticas que la administración de Obama y el Partido Demócrata comenzaron a implementar desde 2008.

Sin embargo, el Partido Republicano enfrenta una crisis interna desde 2011 por la división que ha generado su nicho electoral más conservador, encabezado en ese entonces por el Movimiento Tea Party y ahora por Trump. El problema es que dicho sector ha obligado al Partido Republicano a adoptar una posición política cada vez más conservadora que antepone los intereses de la élite empresarial y de la sociedad WASP (blanca, anglosajona y protestante, por sus siglas en inglés), en detrimento de las necesidades de las minorías étnicas y las clases medias y bajas. En las elecciones presidenciales de 2012, ello provocó que el Partido Republicano perdiera el voto de dichas minorías (la más importante de las cuales es la latina, pues conforma aproximadamente el 17% de la población estadounidense), de las mujeres y de los jóvenes.

Ahora, el irreverente y ególatra magnate, dueño del gran imperio empresarial que lleva su apellido, ha financiado una estridente, sorpresiva y explosiva campaña por todo Estados Unidos con el objetivo de ser el candidato del Partido Republicano y llegar a la Presidencia del país más poderoso del mundo. El empresario neoyorquino ha atraído la atención internacional por las innumerables declaraciones en contra de los migrantes −particularmente los mexicanos y los musulmanes− y sus propuestas en materia de política exterior y política migratoria (un tema central e imperativo en la relación con México). Sin un ápice de diplomacia o corrección política, Trump ha calificado a los migrantes mexicanos como violadores y delincuentes, y a China y a México como los lastres que abusan de la generosidad de su país. Ha asegurado que, como presidente, deportará a todos los “ilegales” sin importar el tiempo que lleven residiendo y laborando en el país o si tienen hijos y familia, e impondrá a su vecino del sur el pago de un muro fronterizo que pretender construir, el cual tendría un costo estimado de 10 mil millones de dólares. De negarse, Trump afirma altivamente, sujetará a nuestro país a sanciones económicas, detendrá el envío de remesas y no tendrá reparo en iniciar una guerra con México.

Siendo apenas un precandidato en el proceso interno de nominación de un partido político de Estados Unidos, Trump fue capaz de poner en aprietos la política exterior de nuestro país. Al considerar que el caprichoso millonario ultrajó la imagen de México y de nuestros connacionales, Enrique Peña Nieto y la Canciller Claudia Ruiz Massieu han optado por cambiar la tradicional estrategia no-intervencionista para promover un fuerte cabildeo en Estados Unidos, como no se veía desde la negociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), hace más de doce años. Fue con tal objetivo que, en un confuso movimiento (inspirador de múltiples teorías conspirativas y chismes políticos), Basáñez fue sustituido por Carlos Sada.

Otras reacciones no se han hecho esperar. Entre ellas destacan las de los expresidentes Felipe Calderón Hinojosa y Vicente Fox Quezada, quienes declararon que de ninguna manera México cederá a los caprichos de un precandidato e instaron a las diásporas latinas a movilizarse para impedir el apoyo al polémico empresario.

El fenómeno de Trump es muy ilustrativo de lo que Sun Tzu y la historia nos han enseñado. En un contexto de creciente globalización e interdependencia como en el que nos encontramos, las relaciones internacionales están regidas no solamente por el intercambio exterior de las naciones y la lucha por el poder, sino por los distintos procesos que cada país enfrenta al interior. Nuestro desarrollo y nuestros intereses nacionales, reflejados a través de nuestra política exterior, impactan en las relaciones internacionales de la misma manera en que nuestra política y condición impacta en la política exterior e interior de nuestras contrapartes. Comprenderlo es entender la naturaleza misma de las Relaciones Internacionales y su impacto en las políticas interior y exterior de cada país.

El principal objetivo de nuestra política exterior debe ser defender nuestros propios intereses y satisfacer nuestras necesidades, demandas y objetivos, no quedarnos estancados en una época donde la estrategia de no-intervención nos protegía del exterior, pero que ahora limita nuestra capacidad de acción. Es importante evolucionar junto con el contexto internacional sino queremos quedar rebasados por sus problemáticas.

Para que México pueda obtener victorias es necesario que se reconozca a sí mismo como un actor con la capacidad de incidir en la política de sus contrapartes por su propio bienestar. Y para hacerlo, primero debe conocerlas bien. De ahí que se logre ejecutar una política exterior más eficaz y oportuna, que sea capaz de reaccionar al dinámico acontecer político y empate el desarrollo de ambas naciones.

Enhorabuena por el cambio en la estrategia de política exterior.

 

Leticia Real es estudiante de la Maestría en Administración y Políticas Públicas en el CIDE.

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[i] Sun Tzu, El arte de la guerra, Capítulo III.

 

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