Elecciones en Estados Unidos Parte II: Pragmatismo, política y Donald Trump.

Elecciones en Estados Unidos Parte II: Pragmatismo, política y Donald Trump.
24 mayo, 2016 Pluralismo Democrático

Por Leticia Real

@LettyRe

 

Donald Trump será el candidato del Partido Republicano a la presidencia de Estados Unidos. De acuerdo con las reglas electorales, el magnate neoyorquino necesita todavía el voto de 72 delegados para formalizar su nominación. Sin embargo, ello se ha vuelto irrelevante desde que sus competidores, Ted Cruz y John Kasich, abandonaron la contienda, casi a regañadientes, hace un par de semanas. El Partido Republicano tardó en digerir la increíble manera en que “El Donald” se impuso: su participación, desde que anunció su postulación en septiembre de 2015, provocó respuestas sardónicas y desdeñosas. El polémico personaje es un gran empresario, pero como político, decían, carecía de habilidades (al menos, eso nos hizo creer).

Pero, entonces, ¿cómo ha llegado hasta donde se encuentra hoy? Esta es la pregunta que subyace en todos los análisis políticos de la prensa estadounidense. Cómo ha podido Trump, no sólo entender la enmarañada política del sistema electoral, sino manipular con gran maestría la retórica inscrita en la ideología republicana para hacerse con la candidatura presidencial. La respuesta es: pragmatismo en el sistema político electoral.

Sistema electoral estadounidense

El sistema electoral de Estados Unidos es uno de los más complejos del mundo: prácticamente cada año se celebran elecciones. La política está fuertemente determinada por los fines electorales y la pugna entre los dos partidos que dominan el espectro político: el Partido Demócrata y el Partido Republicano. Si bien existen otros partidos, su participación, representatividad e influencia son tan irrelevantes que, a pesar de su existencia, se considera al sistema político estadounidense como bipartidista.

La división de poderes es como la nuestra: hay un Ejecutivo, un Legislativo y un Judicial, aunque con diferencias importantes. Sus elecciones legislativas son casi tan importantes como las del Ejecutivo. El Congreso es la pieza clave de esa democracia: mantiene la alternancia y determina la dinámica de gobierno. Esta suele ser conflictiva cuando la oposición controla al Congreso (ha sido particularmente problemática durante las gestiones de Obama, de 2008 a 2016) o puede ser una dinámica de continuidad si la mayoría legislativa pertenece al partido del Ejecutivo, fortuna poco probable.

Al igual que en México, el Congreso es bicameral: se conforma por el Senado y la Cámara de Representantes, equivalente a la Cámara de Diputados. En Estados Unidos, en ambas cámaras hay 535 congresistas más 6 delegados especiales y un comisionado residente de Puerto Rico, los últimos siete representan a sus Estados libres asociados. De esto 535 legisladores, 100 son senadores (dos por estado) y 435 representantes, elegidos mediante criterios distritales. El presidente del Senado es el Vicepresidente de Estados Unidos, puesto que actualmente desempeña Joe Biden, mientras que el puesto de presidente de la Cámara de Representantes está ocupado por el republicanos más importante y popular (sin contar a Trump) del momento: Paul Ryan.

Por su parte, el Ejecutivo está presidido por un Presidente y un Vicepresidente, ambos se eligen al mismo tiempo y duran cuatro años en el cargo con la posibilidad de reelegirse una vez. Actualmente, el Presidente Barack Obama junto con Joe Biden como Vicepresidente han mantenido al Partido Demócrata ocho años en el poder, dejando el puesto de la oposición (con importante mayoría en el Congreso) al Partido Republicano. Está por verse si el Partido Demócrata logrará asegurarse cuatro o hasta otros ocho años adicionales en el poder (hasta 2022), nominando a la ex secretaria de Estado, Hillary Clinton.

Evidentemente, la elección del Ejecutivo es la más importante y compleja para todos: para llegar a la Presidencia, los candidatos deben de postularse primero a la nominación del Partido al que desean representar. El proceso en ambos partidos es parecido y está relativamente coordinado aunque cada partido tiene reglas específicas y funcionan de acuerdo con un calendario electoral prestablecido. Usualmente, desde casi un año y medio antes de las elecciones, los candidatos comienzan a inscribirse en un proceso conocido popularmente como “la carrera presidencial”: primero deberán contender por ganar la nominación de su partido y luego contra la o el candidato opositor a nivel nacional.

Obtener la nominación del partido

El sistema nominación de candidatos y elección de presidente en Estados Unidos es de votación indirecta: para la nominación, ambos partidos establecen, de acuerdo con criterios distritales, cierto número de delegados por estado que en conjunto representarán a la población total. [1] Los precandidatos deben competir por el voto de los delegados de cada estado.

Dependiendo del mecanismo de votación al interior de los partidos en cada estado, se clasifica la elección estatal, esta puede ser primaria o caucus. La mayoría de las elecciones estatales son primarias, lo que significa que los votantes acuden a las urnas a “indicar” al delegado que le corresponda por cuál de los precandidatos debe votar. En los caucus, se reúnen todos los delegados a debatir y decidir su voto. En algunos estados se establece que el precandidato ganador recibirá todos los votos de los delegados y en otros se distribuirán proporcionalmente, de acuerdo con el voto popular.

Siguiendo estos criterios, el Partido Demócrata establece 4,763 delegados por lo que el precandidato que primero obtenga el voto de 2,382 delegados ganará la nominación oficial. Por su parte, el Partido Republicano tiene 2,472 delegados, así la nominación es de quien formalmente alcance 1,237 votos. En ambos casos, si ninguno de los precandidatos alcanzara el número mínimo de votos, la nominación se decidiría a través de una convención partidista a nivel nacional. Raramente ello ha sucedido, pero vale la pena señalar que era la apuesta de muchos republicanos para evitar que Donald Trump llegara a la candidatura oficial. De ello se entiende que, a pesar de sus bajos desempeños, tanto Ted Cruz como John Kasich siguieran en la carrera. Hasta ahora, el millonario empresario cuenta con el voto de 1.161 delegados. Queda contar el voto de 347 delegados distribuidos en seis estados (el más importante es California que por sí sólo cuenta con 172 delegados); pero siendo el único en la contienda, su nominación es un hecho.

Nominación Presidencial del Partido Republicano

Sin título

Fuente: Real Clear Politics

En el Partido Demócrata, la carrera sigue entre Hillary Clinton y Bernie Sanders. La candidata neoyorquina ha logrado obtener 2.293 votos, solamente le faltan 89 para asegurare la nominación. Por su parte, Sanders, el autodenominado socialista tiene 1,533 votos. La ex secretaria de Estado, es la favorita del Partido Demócrata y parte del voto independiente, tanto por su pertenencia a la élite política estadounidense como por su presencia moderada y su experiencia en el gobierno. A pesar de la resistencia de Bernie Sanders por salir de la contienda, se espera que Hillary prevalezca y dé continuidad a la política de Barack Obama en materia exterior, fiscal (impuestos) y sanitaria (manteniendo el sistema de salud instaurado por el primer presidente negro y mejor conocido como Obamacare).

Nominación Presidencia del Partido Demócrata

Sin título i

Fuente: Real Clear Politics

Las fichas empiezan a acomodarse y todo apunta a que la contienda nacional por la presidencia será entre Clinton y Trump. Las campañas y declaraciones de ambos precandidatos denotan su lucha de poder e influencia. Según las estimaciones del conjunto de múltiples encuestas, hasta ahora, la población estadounidense ha mantenido un nivel constante de preferencia (aunque cada vez menos) por la representante del Partido Demócrata sobre el polémico empresario.

Promedio de encuestas: Trump vs. Clinton

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Fuente: Real Clear Politics

El candidato Donald Trump

La mala noticia es que no sería sorprendente que ello cambiara. Donald Trump ha impactado por su capacidad política pese a que se autodenomina y vende exitosamente como un outsider de la política. No obstante, su estrategia es de lo más pragmática. Trump sorprendió por su forma de adoptar el discurso populista de extrema derecha e incrementar de esa manera su popularidad en el sector conservador más importante del Partido Republicano[2], mismo que ha perdido el monopolio del poder y encuentra tanto en los migrantes como en las minorías étnicas la causa de su principal problema: el desafío al statu quo.

Algunos sectores del Partido Republicano temen esa estrategia pues fue precisamente la que provocó su derrota en las elecciones presidenciales de 2012. Con Trump, los republicanos se enfrentan nuevamente al dilema de satisfacer a su nicho electoral más poderoso, con el costo de alejarse de los sectores que cada vez son más importantes en la escena electoral −mujeres, jóvenes y las minorías étnicas y raciales−, o adaptarse a la realidad social y aceptar que Estados Unidos es un país más diverso y pluricultural. La élite conservadora tradicional ya no es la única facción en el poder; ahora tienen que negociar con muchas facciones cada vez más empoderadas. Sólo así conseguirá acercarse a estos sectores como lo ha hecho el Partido Demócrata y tener mayores posibilidades de recuperar el poder.

El desastre electoral de 2012 hizo que los líderes del Partido Republicano reevaluaran su situación y posicionamiento ante la percepción nacional.[3] Democráticamente, reflexionaron, necesitan mostrar una posición centrada e íntegra si pretendían recuperar el poder. Necesitan restablecer y mantener la unión en su partido si quieren ser algo más que la oposición a un gobierno demócrata que de ganar, como se prevé, podría mantenerse en el poder hasta 2022. Trump no ha ofrecido eso, por ahora…

Paul Ryan declaró en una entrevista que no “estaba listo” para apoyar a Trump porque no consideraba que representara, aún, los “verdaderos valores y principios conservadores” y que debía entender la necesidad del Partido Republicano por alguien que lo unificara con aspiraciones Lincoln-ianas y Reagan-escas.[4] Hasta ese momento, Trump había sido un factor de fragmentación en un partido de por sí fracturado.

No obstante, Trump ha comenzado por acercarse, en modo negociador y conciliador a los líderes republicanos (entre ellos, Ryan y el presidente del Comité Nacional Republicano, Reince Priebus, quien se mostraba abiertamente en contra del magnate) obteniendo buenos resultados. Después de sostener una reunión, Priebus mencionó que Trump “es una persona que comienza a moverse en un esquema de elección general y que está realmente trabajando duro en ser alguien capaz de unificar al partido y derrotar a Hillary Clinton”.[5]

Es entonces cuando por fin se confirma la cuidadosa estrategia. Desgraciadamente, tal vez Donald Trump sí sea justamente el tipo de líder capaz de guiar al Partido Republicano −más allá de sus divisiones internas− hacia la contienda presidencial como un bloque poderoso y unificado. Su estrategia es muestra del pragmatismo característico de la identidad estadounidense, aderezado con un fuerte toque de cinismo:

Acto 1: saltar la trampa del nicho electoral. Trump ha adoptado ese discurso radical aclamado con tanta desesperación por la derecha extrema con el objetivo de asegurar su voto y con ello su nominación, independientemente de su posicionamiento o creencia personal. Finalmente, una premisa básica de la política es que todo es un espectáculo: panem et circenses.

Acto 2: conciliación. Ahora, cuando ya tiene la nominación republicana en el bolsillo Trump comienza a mostrar tentativas de acercamiento con los sectores y líderes que ofendió previamente. Los líderes del Partido Republicano es un primer paso. Otro ejemplo es con los mexicanos. El 05 de mayo, día que en Estados Unidos se celebra la que se considera la fiesta patria más importante de los mexicanos, pasaron dos cosas: los medios esparcen la noticia del presidente mexicano Vicente Fox disculpándose por ofender a Trump, mientras el polémico candidato publica una foto deleitándose (aparentemente) con una sopa de tortilla hecha en su imperio empresarial. Panem et circenses 2.0.

Acto 3 (prospectivo): La efectividad del pragmatismo. Con base en lo observado hasta ahora, no es descabellado esperar que, en cuanto se haya formalizado la nominación republicana, comenzará un nuevo proceso, regido por otras reglas electorales. Tump optará por un discurso más conciliador y unificador (como comienza a hacer), mostrándose tal vez conciliador con los sectores políticos, sociales y religiosos a los que ha ofendido: mexicanos, musulmanes, mujeres, etc.

La gran paradoja de la elección: quien dice ser un outsider es quien dio una cátedra de la política más pura y pragmática. Una verdadera muestra de la identidad política estadounidense.

Leticia Real es Licenciada en Relaciones Internacionales por la UNAM y candidata a la Maestría en Administración y Políticas Públicas por el CIDE.

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[1] El número de delegados por estado varía de acuerdo con la proporción poblacional.

[2] El sector WASP: blancos, anglosajones y protestantes, por sus siglas en inglés.

[3] Henry Barbour, et.al., Growth and Opportunity Project, Estados Unidos, Republican National Committee, 2013.

[4] Jennifer Steinhauer y Alexander Burns, “Paul Ryan says he is not ready to endorse Donald Trump”, The New York Times, Estados Unidos, 05 de mayo de 2016, Dirección URL: http://www.nytimes.com/2016/05/06/us/politics/paul-ryan-donald-trump.html?_r=0

[5] Todd Beamon, “RNC’s Priebus on Ryan-Trump Meeting: ‘Extremely Positive’”, Newsmax, Estados Unidos, 12 de mayo de 2016, Dirección URL: http://www.newsmax.com/Politics/RNC-Reince-Priebus-Ryan-Trump-Meeting/2016/05/12/id/728592/

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