MÁS CIUDADANÍA, MENOS POLÍTICA

MÁS CIUDADANÍA, MENOS POLÍTICA
13 junio, 2016 Pluralismo Democrático

Por Claudia García

@CrosinnMx

 

“La victoria y el fracaso son dos impostores,

y hay que recibirlos con idéntica serenidad

y con saludable punto de desdén.”

Rudyard Kipling

 

Fue en el año 380 a.C cuando Platón escribe La República, obra en la que señala al Estado como forma de organización que debería basarse en la ética y la condición del hombre, de donde emanarían la moral y los principios de justicia, apropiados y asimilados por igual, tanto por el ciudadano como por el Estado. Para Platón gobernar era un arte -una destreza- que de ser mal ejercida podría hundir tanto al Estado como a sus ciudadanos.

A pesar de su concepción filosófica sobre el ejercicio del poder, reconoció que existe en el gobernante una falta de equilibrio entre sus responsabilidades con la vida pública y sus ambiciones por el poder, propiciado principalmente por sus intereses económicos y su afán de preservarlos al tratar de conservar su poder en el Estado, estando en el ciudadano el deber de ser sabio para distinguir quienes son los verdaderos enemigos.

Dos mil años después Platón continúa en lo cierto: es la ciudadanía crítica quien puede cambiar el curso de sus gobernantes al premiar o castigar su actuación. El pasado 5 junio demostró que el pueblo mexicano percibe y resiente la falta de resultados en favor de la sociedad, dejando claro su intolerancia por aceptar cualquier tipo de gobierno. El Estado como forma de organización ha fallado a nivel municipal, estatal y federal, al ser incapaz de generar las condiciones necesarias para el bienestar que sus ciudadanos demandan.

Esta falla endémica se encuentra en el sistema de los partidos, cuya falta de modernización ha hecho más amplia la distancia entre el electorado y el gobierno, sin contar que la confianza en la democracia como forma legítima de gobierno ha perdido aceptación – 30% según la Encuesta Mundial de Valores (2015) – como consecuencia del deterioro social y económico acumulado durante décadas.

El contexto de violencia, inseguridad, corrupción e impunidad, así como la escasa credibilidad en el sistema político democrático, han devaluado el poder de aquellos políticos, candidatos o partidos que se creían infalibles, dejando a la incertidumbre su posición en el futuro. Solo acciones congruentes podrán devolver la confianza en la política, así como la toma de decisiones bajo la construcción de una ciudadanía sólida y madura. Las pasadas elecciones dejan claro que la democracia como sistema político continúa vigente para los mexicanos, al otorgarle el beneficio de la duda con su asistencia a las urnas.

La participación de la ciudadanía en México está 7% por debajo del promedio en América Latina (66.10%)[1], habiendo tenido el mayor e histórico registro del 77.16% en 1994. Para el 2012 el promedio de participación fue del 62.08%, mientras que en el 2016 del 53.5%, sin contar el 28% de las elecciones en la Ciudad de México.

Este 5 de junio se votó por 12 gubernaturas, que pese a ser una elección intermedia y caracterizarse por ser una votación de menor intensidad, la participación fue elevada; suscitada entre algunos factores, por el descontento de las campañas sucias, las condiciones económicas actuales, la percepción negativa acerca de los candidatos y de los gobiernos, la insatisfacción con el gobierno federal y la decepción por las reformas estructurales de beneficios poco tangibles para la población.

Si bien esta elección manifiesta el mal humor social sobre la administración del Presidente Peña Nieto, también es cierto que éste ha permeado a nivel nacional. No basta con tener un buen candidato si la estructura del gobierno local tiene un mal desempeño, ya que la marca política deja de tener un efecto positivo en el proceso electoral.

En cuatro estados (Zacatecas, Puebla, Sinaloa y Tamaulipas) la diferencia entre el candidato ganador y el segundo lugar fue de dos dígitos, siendo el promedio de 12.7%; los triunfos más sólidos. De éstos, dos estados fueron conservados por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido Acción Nacional (PAN), Zacatecas y Puebla respectivamente. Las otras dos gubernaturas (Sinaloa y Tamaulipas) sufrieron alternancia debido al voto de castigo por los malos gobiernos del PAN y del PRI.

En seis casos se generó la alternancia en favor del PAN y para el PRI en dos, lo cual significa que ocho gobiernos no rindieron los resultados esperados, la diferencia entre primer y segundo lugar fue mínima, por lo que se carece de un ganador absoluto. En la Ciudad de México MORENA (Movimiento Regeneración Nacional) se coloca como el partido más votado (32.8%), no obstante es necesario aclarar que este surgió del Partido de la Revolución Democrática (PRD), que conserva el (28.7%) de los votos, ya que antes de la fragmentación de la llamada izquierda aglomeraba el 57% de los votos.

De esta elección aprendemos que: a) contamos con una ciudadanía en proceso de maduración que elige según las circunstancias de su contexto y sus necesidades inmediatas; b) el juego negro de la mercadotecnia política generó un efecto contrario, todos vendieron los defectos de sus adversarios sin posicionar un verdadera propuesta, y declararse ganadores para engañar a la opinión pública al finalizar la contienda electoral; c) 8 de los 12 estados en disputa sufrieron la alternancia lo que representa que el 66% de sus ciudadanos estaban inconformes con su gobierno; d) la falta de cuadros y formación de liderazgos en los partidos es un déficit muy acentuado en éstos, principalmente en la oposición que recurre al uso de candidatos emanados de otros partidos (regularmente del PRI).

Sin ganadores y perdedores absolutos, es seguro que el PRI se reorganice con otra estrategia, el PAN deba evitar dilapidar su capital, mientras que el PRD y MORENA tratarán de conquistar espacios para las próximas elecciones.

Claudia García González, es Antropóloga social por la Universidad de Chile y comunicóloga por la Universidad Nacional de México. Especialista en desarrollo social, innovación y economía.

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[1] Estudio Censal de la Participación Ciudadana en las Elecciones Federales de 2012, IFE.

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