Desconfianza en las instituciones de la democracia

Desconfianza en las instituciones de la democracia
27 julio, 2016 Pluralismo Democrático

Por Juan Pablo Miron Thome

@jpmt79

Vivimos en un mundo que está envuelto por la desconfianza. La desconfianza genera incertidumbre, provoca inseguridad sobre las acciones y conductas del otro, o si hablamos de la desconfianza política del actuar de los gobiernos e instituciones. Hemos construido una sociedad que produce plena y constante desconfianza, y eso provoca incertidumbre, perplejidades y miedo en una sociedad que necesita creer en algo.

En el importante documento “La confianza en América Latina 1995-2015. 20 años de opinión pública Latinoamericana, presentado en noviembre de 2015 por la Corporación Latinobarómetro con sede en Santiago de Chile, se menciona que “La confianza no es otra cosa que la capacidad de anticipar algo que sucede. Se confía en alguien del cual se sabe que actuará de una manera determinada”, es decir, la confianza prevé conductas personales. La persona que confía tiene la certeza de que no puede ser engañada, defraudada.

El documento señala que las cifras de confianza interpersonal en América Latina son las más bajas del planeta, y se mantienen constantes en las dos últimas décadas. Si bien es cierto que la región ha mostrado por más de tres décadas gobiernos democráticos y una relativa estabilidad política (con excepción de Brasil y Venezuela) pero no se han logrado avances para confiar en el “otro”. Asimismo, la profundización de las desigualdades están presentes a lo largo y ancho de la región. Se menciona que América Latina es la región más desconfiada del mundo. En el indicador de confianza interpersonal, sólo un 17% de los habitantes de los países que conforman América Latina sostienen que se puede confiar en un tercero. En tal sentido, la desconfianza en el otro es una de las características definitorias de las sociedades latinoamericanas.

¿Cuáles son las causas por las que lo latinoamericanos desconfían tanto del otro? En América Latina (AL), 8 de cada 10 personas no confían en el “otro”, en cambio, en los países nórdicos 8 de cada 10 ciudadanos si confían en el “otro”, en el documento se señala que existen grados de convivencia superiores al interior de muchas sociedades, es el caso de las sociedades nórdicas. En AL, la convivencia de nuestras sociedades está marcada por la desigualdad, y frente a ésto la gente hace todo lo necesario para superar grados de desigualdad, “Se ha terminado la tolerancia con la desigualdad” dice Moisés Maím, una desigualdad económica que provocó por un lado, una alta concentración de la riqueza en unas cuantas manos y, por otra parte, altos niveles de desigualdad económica y de exclusión social.

De acuerdo con el documento, existe una conexión directa entre grados de desigualdad económica, nula o mínima redistribución del ingreso y desconfianza entre personas e instituciones, esta conexión es peligrosa porque la gente ha intentado a toda costa disminuir la desigualdad pasando por encima de todas las reglas si es necesario. “Es decir, lo contrario de lo que se requiere para confiar”. El descontento con la desigualdad ha hecho que las personas en AL muestren poca tolerancia hacia las instituciones, no les interesa respetar las reglas con tal de mejorar sus condiciones de vida y eso se hace evidente en casi toda la región, donde la gente es más proclive a la corrupción y tiene más disposición de incorporarse a la delincuencia organizada, que emplearse en un trabajo “decente” donde el pago es con bajos salarios.

Los avances de la democracia electoral en la región de América Latina que se resaltan por parte de organizaciones como el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), no se han consolidado a lo largo de estos últimos 30 años, y no han tenido como resultado una democracia sólida, lo que se tiene para la región es como dice Thomas Carothers “zonas grises” o de “democracia inefectiva”. En el documento, la Corporación Latinobarómetro, menciona que “Lo primero que habría que decir es que para poder determinar cuál es la institución en la que hay más confianza, hay que medirlas todas”, se miden 23 instituciones presentes en América Latina, y la pregunta planteada es: ¿cuánta confianza tiene usted en ellas?, las primeras tres con el más alto nivel de aceptación para Latinoamérica medidas en 2015 son: 1) personas que trabajan con usted, 70%; 2) Iglesia (todas), 69%, y 3) vecino, 63%, y en los últimos 3 lugares: 21) Congreso, 27%; 22) telefonistas de una central, 22%, y 23) partidos políticos, 20%.

Medido el promedio 1995-2015 que se resalta en el documento, los datos casi son los mismos: 1) Iglesia, 70%; 2) personas que trabajan con usted, 66%, y 3) un pobre, 60%, y en los últimos tres lugares: 21) familiares que no ha visto nunca, 28%, 22) telefonistas de una central de información, 22%, y 23) partido políticos, 22%.

Se resalta de manera contundente que en América Latina, (de la que es parte México) simple y sencillamente la democracia de “mercado” que se ha venido promoviendo, y que es alentada desde los grandes centros de pensamiento neoliberal, no está produciendo las instituciones en la cuales la gente puede confiar, en pocas palabras la imposición de un sistema económico-político neoliberal presente a lo largo de los últimos 36 años (1980-2016) no genera condiciones para instituciones confiables, lo que hace que el “otro” desconfíe hasta de su propia sombra.

Una de las afirmaciones más contundentes que aparecen en el documento es: “La democracia está produciendo instituciones en las cuales la gente no confía”. ¿Por qué la democracia está produciendo instituciones con un grado alto de debilidad, ineficacia, poco confiables para la gran mayoría de los cerca de 600 millones de habitantes de la región de América Latina? Una de las posibles respuestas es porque se ha construido una democracia poco sólida, con promesas incumplidas y que, relativamente, tiene pocos años de existir. Hasta antes de la década de los ochenta del siglo XX, casi todos los países de América Latina tenían gobiernos autoritarios, derivados de un sistema político donde no encontraba acomodo la democracia.

El viraje hacia una democracia representativa y constitucional se expandió notablemente en casi todos los países de América Latina, los cambios y transformaciones en las Constituciones y en los ordenamientos jurídicos nacionales tuvieron como objetivo la desaparición de Juntas Militares y gobiernos altamente autoritarios, y abrir espacios para gobiernos civiles, así como darle prioridad a una serie de derechos para los potenciales ciudadanos. La democracia alentada fue una democracia constitucional, parafraseando al italiano Riccardo Guastini, se “constitucionalizo” la democracia. Por eso se sostiene que la democracia en América Latina no es una democracia que en un principio se haya alentado “desde abajo”, sino que ha sido una democracia impuesta, “sugerida” desde las “instituciones de la democracia”.

¿Cuáles son las instituciones de la democracia? En la tabla 1 “Confianza América Latina 1995-2015”, enlista nueve instituciones de la democracia representativa, ahí se realiza la medición del desempeño de cada una de ellas:

  • Gobierno, su máxima calificación fue en el año 2009, con 45%, hay un mínimo en los años 2002 y 2003 con un 28%. En 2015, tiene un 33%;
  • Congreso (Senadores y Diputados), su máxima calificación fue en 1997 con un 40%, mínima fue de 21% en 2003. En 2015 tiene un 37%;
  • Poder Judicial, tiene un máximo nivel de calificación en 1997 con un 39%, y una mínima calificación del 24% en 2003. En 2015, lo evaluaron con un 30%;
  • Presidente, en 2006, obtuvo una aprobación máxima del 48%, y su más baja calificación fue de 34% en 2001 y 2003. En 2013, fue evaluado con un 46%;
  • Administración pública, en 2009 tuvo una aprobación máxima del 37%, y su más baja calificación fue en 2013, con un 29%;
  • Gobiernos locales, en 2010, tuvieron una calificación máxima de 42%, la más baja calificación fue en 2001, con un 35%. No hay medición para 2015;
  • PARTIDOS POLÍTICOS, el más alto nivel de calificación fue en 1997 con un 31%, la más baja calificación fue en 2003 con un 13%. En 2015, fueron calificados con un 20%;
  • Estado, empezó a medirse en 2010, y ha tenido una calificación por encima del 30%, en 2013 fue calificado con un 43%;
  • Tribunal Electoral / Instituto Electoral, empezó a medirse en 2006, en ese momento se preguntó por Tribunal Electoral, y la calificación fue del 51%, lo mismo fue en 2007 con un 40%, y en 2010, obtuvo una calificación de 43%. En 2015 se preguntó por el Instituto Electoral, y fue calificado con un 44%.

El documento analiza 4 de las “Instituciones de la democracia” más representativas:

  • Partidos políticos, con un mínimo de 13, y un máximo de 31;
  • Congreso, con un mínimo de 21, y un máximo de 40;
  • Poder Judicial, con un mínimo de 24, y un máximo de 40, y
  • Gobierno con un mínimo de 28 y un máximo de 45.

La evaluación que hace Latinobarómetro sobre estas 4 instituciones es la siguiente: “Los números hablan por sí solos. El rango de confianza en que se mueven los partidos, el congreso y el poder judicial, las instituciones de la democracia en América Latina en los últimos 20 años no supera los 4 de cada 10 latinoamericanos. Ello sin considerar los gobiernos que se mueven por otros motivos. Es decir la mayor parte de la población desconfía de todas estas instituciones todo el tiempo”.

¿Cómo recuperar la confianza en estas instituciones? Esa es la gran tarea urgente en la que debemos ocuparnos y estar comprometidos todos, el de pasar de una democracia electoral, a una democracia de ciudadanas y de ciudadanos, que confíen en sus instituciones electorales.

Juan Pablo Miron Thome es Consejero Electoral del Instituto Electoral de Puebla.

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