Democracia interna en los partidos políticos

Democracia interna en los partidos políticos
9 agosto, 2016 Caja de Pandora
democracia interna

Por. Patricia Espinosa Torres

@pespinosat

Este siglo ha traído cambios sustanciales en los distintos campos de la vida, experimentando diversas formas de organización social y política, donde la democracia permite el uso de la razón en los asuntos públicos y el cambio de sus gobernantes de manera pacífica. La democracia, en su significado original, gobierno del pueblo por el pueblo, es la capacidad que se concreta en un conjunto de reglas a las que tiene que sujetarse la población y en una serie de instituciones, a través de las cuales, los ciudadanos canalizan su participación en las decisiones que atañen al conjunto.

En la democracia moderna el papel que desempeñan los partidos políticos es de suma importancia para la representación política, garantizada a través de un sistema de partidos. Su presencia se justifica por la misma estructura actual del poder público y por el modo en que este poder se imbrica con ellos. Como cada vez es más relevante el papel que juegan los partidos políticos en los diferentes órganos estaduales -ya es obligación legal-, resulta interesante conocer en qué medida las decisiones de éstos, son producto de un acuerdo democrático interno e independiente de presiones o son el resultado de decisiones cupulares o el fruto de intereses externos.

En un sistema democrático, la alternancia en el poder origina la ocupación partidista de las instituciones y la permeabilidad de sus estructuras en los órganos gubernamentales provocando una probable identificación partido-Estado. Por lo tanto, la conexión partidos políticos-instituciones públicas hace que la disminución de democracia interna en los partidos se traduzca en la disminución del nivel de democracia de las instituciones en las que opera. Cualquier alusión a la democracia interna de los partidos implica una alusión a la legitimidad política de los sistemas.

El modelo de democracia partidista debe sustentarse en los principios democráticos del texto constitucional, además, debe ir acompañado de un funcionamiento que reconozca el pluralismo, la igualdad de oportunidades intrapartidos y el reconocimiento de nuevos partidos. Siguiendo a Maurice Duverger, este modelo debe presidir la vida de los partidos donde el punto central, junto al patrimonio ideológico de su programa y estatutos, es la estructura interna en la que la organización es susceptible de privilegiar la forma democrática directa. El tipo de organización condiciona la vida del partido e influye sobre los mecanismos y procedimientos que se practican en su interior, los criterios con los que aplican, la forma como se relacionan las bases con la dirigencia y quiénes toman las decisiones. Es indispensable que las leyes y reglas que se aplican estén explicitadas en los estatutos de cada partido político.

Además, la democracia interna del partido político será posible dentro de la organización a partir de tres puntos fundamentales:

  • Libertad de expresión, producto de la formación de la voluntad política del partido;
  • Intensa autonomía y vida propia de la organización; y,
  • Constitución democrática del partido.

Cabe mencionar que estos aspectos deben ir apoyados por un alto grado de participación equitativa de todos los miembros del partido, y evitar, en lo posible, las prácticas no democráticas que en la realidad son comunes en el seno de ellos, como: la manipulación de las decisiones en las asambleas; la escasa circulación de los puestos directivos; la falta de transparencia en el manejo de los recursos financieros; la injerencia de grupos ajenos a los intereses del partido; la lucha por ocupar los mandos directivos o los escaños parlamentarios.

Algunos elementos que pueden analizarse en los partidos políticos mexicanos para detectar su grado de democracia interna son:

  • Participación directa o por medio de representantes en las asambleas y en los órganos del partido, en las que se garantice el voto de todos los militantes;
  • Sistema de afiliación voluntaria e individual y el derecho a renunciar a ella;
  • Periódica selección de candidatos y de dirigentes, a través de un procedimiento previamente establecido, con posibilidad de revocación en caso de incumplimiento;
  • Circulación de directivas y oportunidad a todos los militantes para que puedan contender por los cargos;
  • Transparencia en la rendición de cuentas, en el manejo del financiamiento y de los donativos; entre otros.

La revisión y análisis de todos los elementos mencionados sobre el tema, exige un espacio más amplio; por el momento, sólo es posible remarcar la exigencia para que todos los partidos políticos propicien la democratización tanto interna como externa, con lo que contribuirán al sostenimiento del Estado de Derecho.

Patricia Espinosa Torres (@pespinosat) Política, conferenciante y humanista comprometida con la construcción de una sociedad más justa y equitativa.

 

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